viernes, 4 de septiembre de 2015

martes, 16 de junio de 2015

Reseña de Fiebre en SOLO TEMPESTAD. Por Gabriel Balmaceda

Reseña #31- El pasado vuelve a tocar la puerta



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Por Gabriel Balmaceda
Viajar al pasado, tomarse un tren y volver al barrio que conoces de pe a pa. Ese barrio que sufrió transformaciones propias del paso del tiempo, como todas las cosas de este mundo. Los flashbacks vuelven tan rápido que desaparecen como estrellas fugaces, pero se acumulan en tu cabeza llenándola de recuerdos. Quizás esto haya sido el germen de Fiebre, segundo libro de Mauro Quesada.
¿Fiebre de qué? Fiebre de un sábado brutal, podríamos decir. Esa fiebre que sentíamos cuando éramos jóvenes y queríamos que llegue el fin de semana, la salvación de nuestra rutina. Quesada indaga en ese pasado que está vivo en cada poema, no hay olor a rancio ni a viejo. Un pasado en el Oeste del Gran Buenos Aires en el que se reviven los viajes en colectivo de vuelta a casa, los primeros besos, las cogidas en los telos aledaños a los boliches, los viajes en el primer coche, las llegadas en pedo a la casa y la comida recalentada del domingo al mediodía. En esos recuerdos, el pasado de Quesada se hace presente como si rebobináramos, una y otra vez, un VHS en una videograbadora.
Como dice Manuel Alemian en la introducción al libro, el ‘yo’ de estos poemas no baja línea, no hay moralina ni hay juicio de valor a este pasado, a esta juventud. Lo que hace Quesada es volver al pasado, mostrarlo, ponerlo frente a nosotros, quizás en modo de voyeur nostálgico. Esto hace verosímiles a los personajes en estos poemas, donde el cheto es cheto, el chico de barrio tiene dudas y sueños como cualquier pibe de cualquier lugar. Somos testigos de una juventud que avanza por puro el deseo de ser vivida, el vivir mueve y trae cambios como las olas del mar que llegan a la orilla por pura fuerza.
Fiebre es un libro que respira puro pasado en un presente que sabe muy bien que la juventud pasó y fue una de las cosas más hermosas de este mundo. Un poco extrañando esa edad dorada pero siempre con un pie en el presente. En Fiebre no hay futuro, no hay nada más que presente volviendo a un pasado. Volver al pasado tendría que ser eso, una acumulación de recuerdos sin juicios de valor, una muestra más de la existencia humana. Un pasado que vuelve como un sueño de medianoche.
Fiebre (2014)
Autor: Mauro Quesada
Editorial: El ojo del mármol.
Género: poesía.



http://www.solotempestad.com/resena31-quesadaxbalmaceda/

lunes, 11 de mayo de 2015

LA CARRETILLA ROJA

Presentación de LA CARRETILLA ROJA EDICIONES. 
16 DE MAYO DE 2015. 18HS
En Multiespacio Palermo 1414
(dirección; escribir a lacarretillaroja@gmail.com)


miércoles, 15 de abril de 2015

la pista

la pista


estacionás el auto
en el mismo lugar donde lo estacionabas
caminás y ves cómo
todo cambió
el boliche al que ibas
ahora es un supermercado chino
sin embargo por curiosidad
entrás allí
intentando recordar cómo era
dónde estaban
la barra
la pista
los baños
los sillones
y se aparecen rostros que habías olvidado
voces risas besos
olor a cigarrillo
chicles y perfumes
entonces las noches se van apilando
en un caos que te deja sin aliento
pero súbitamente volvés
solo hay góndolas y heladeras
gente comprando indiferente
y una música
que nunca escuchaste

llevás a la caja dos cervezas
y le pagás
a una china que no te saluda


jueves, 5 de febrero de 2015

Reseña de Fiebre en Agenda Prisma


Fiebre, Mauro Quesada
Poesía
El ojo del mármol
Buenos Aires, 2014
Por Sofía Ferro
 Una vez un editor me confesó que publicar poesía era, para él, un desperdicio de papel; que la narrativa, por el contrario, en términos productivos, es efectiva.El espacio en blanco que deja el poema en la página es un robo, un derroche de recursos angustiante. La narrativa es siempre una mejor opción tanto para el editor como para el público lector. Aún así, la poesía sobrevive –y de este editor no podría decirse lo mismo. En la actualidad, las formas más elevadas de versificación perdieron espacio frente a las voces más simples y de temática cotidiana. El género supo, en la aridez, reelaborarse como una propuesta vívida y afín al lector.
En Fiebre (2014) Quesada vuelve su mirada a la Zona Oeste del conurbano, a los lugares y no-lugares que marcaron su adolecer nocturno. Es un recorrido a través de las vicisitudes de noches efervescentes. Todo toma temperatura. Y con la fiebre llega la ebullición. Amigos, chicas, bondis, trenes, remises, boliches, bares, alcohol y drogas –una perlita: “el recuerdo/de mi imparable verborragia/y el aburrimiento/de todos los demás”–. Y la música es inherentemente ritual, parte protagonista de esa ebullición. Como bien dice Manuel Alemian en el prólogo, son todos lugares comunes. Pienso en Bukowski, por nombrar solo un autor, como el escritor de las perdiciones por antonomasia. La noche le pertenece. Los cuerpos y los sudores, todo lo pecaminoso. Aún así, en la recurrencia de los temas, Quesada aporta, desde su postura, una visión un poco más inocente; una voz melancolía y, sobre todo, conurbana.
Presentación de Fiebre
Presentación de Fiebre
Los poemas de Quesada son en su mayoría breves. Por momentos, esa brevedad provoca una sensación de incompletitud. Quesada logra un desarrollo mucho más positivo en poemas –de más de diez versos– tales como “La pista” o el poema innominado de la página cuarenta y cinco: “[…] llegar a San Bernardo donde/se encontraban mis amigos en un minúsculo y/desordenado departamento/con los platos sucios en la mesa aún/sin bañarse en malla o calzoncillo jugando/a las cartas tomando/en vasos de plástico”. Por otro lado, en ocasiones, el encabalgamiento, recurso usual en el autor, resulta poco funcional, aunque cuando es certero, los poemas de Quesada adquieren gran fuerza musical, reforzada con la rima asonante.
Fiebre se presenta desde un ángulo totalmente distinto al de su predecesor, Bajo una extraña nevada (2013). Ahí radica la evolución de Quesada. Fiebre es una unidad, un conjunto de poemas, algunos más narrativos, otros más fragmentarios, de nostalgia y juventud, que responden a una misma inquietud esencial y en los que Quesada se reafirma en su voz. Retomando la reflexión inicial, en discusión con el denuesto editorial a la obra poética, la poesía sigue abriéndose paso y El ojo del mármol ofrece un catálogo amplio del género entre cuyos títulos figura el poemario en cuestión. En definitiva: hay que leer más poesía, sobre todo la de nuestros contemporáneos.



http://agendaprisma.com.ar/resena-fiebre-de-mauro-quesada/


miércoles, 14 de enero de 2015

jamás me olvidaba los lentes negros

jamás me olvidaba
los lentes negros


ahora recuerdo
como fotografías fuera de foco
a aquellos viajes en colectivo
ya de mañana
cuando de una vez por todas
regresaba de las noches
siempre desplomado
en el último asiento
con mi cara entregada al aire
fresco que se metía por la ventanilla
compartiendo el mundo
con quienes iban
a trabajar

martes, 30 de diciembre de 2014

Prólogo de FIEBRE, por Manuel Alemian


La fiebre y la sed

Me pregunto si es denostar a un texto decir que es una sucesión de lugares comunes. Porque la precisa poesía de Fiebre es una seguidilla de lugares comunes: pero comunes a la juventud, a una juventud que explora en el deseo, en la experiencia, en la música, en las mujeres, en el alcohol. Una juventud que explora profundamente la noche. Lugares comunes a la noche, a la vuelta de la noche; y también lugares comunes a la comarca del Gran Buenos Aires, al Oeste.
Y también, o a la vez, me pregunto qué es un lugar común: ¿qué lugar, común a quién? ¿Quién sabe acaso lo que es volver a su casa de madrugada, en invierno, en colectivo, con resaca y sueño, en Haedo, Ramos Mejía, Hurlingam o Castelar? Regresar en el colectivo 166 o en un destartalado Renault 18 remís, o en auto propio, por los boliches de Gaona... El Oeste es el centro neurálgico de la poesía de Quesada. Y andar en un Fiat Uno blanco con una banda de amigos borrachos, “muy borrachos”, una soberana postal del libro. Javier Calamaro bien supo decir: “Llévame por la Panamericana / en busca de acción / en busca de carne caliente”.
Acción, sí, pero sin exabruptos, sin desopilantes historias de bardo ni pintorescos momentos de marginalidad. Es como si Mauro Quesada hiciera acupuntura con palabras clave, vocablos coloquiales y funcionalmente quirúrgicos, y su poesía tocara puntos nerviosos que nos activaran la percepción de universos de una ficción infinita, inabarcable.
Durante la lectura del poemario, formalmente objetivista, si se quiere ser formal, se suceden operaciones -de un traspaso generacional, social y sin ninguna duda vital-, que remiten indefectiblemente a la experiencia propia, a la misma juventud. Este libro le debe además al rock. Pero quizá no le deba necesariamente a las letras de ese género sino tangencial o transversalmente. Más bien pareciera deberle al imaginario que lo constituye: la necesidad de satisfacción, la sed de algo más.
La energía, la pulsión que mueve a sus amigos es casi siempre una muchacha, debidamente adjetivada. Ellos en cambio se presentan -Quesada los presenta-, en un estado neutro, velado por
cierta ambigüedad en cuanto a su entidad social. Esta deliberada indefinición los hace más versátiles en su observación, los propone como testigos vivenciales, liberados de la función de imponer
un orden ideal, un yo impregnante: no bajan línea. Ni siquiera el aparente cliché de escupir la vereda de la puerta de un boliche bailable, sordo y hueco, hace suponer que ellos son otra cosa, lo
sean o no: “y cuando juntos pasaban / por la puerta de la única / disco de hurlingham / escupían al suelo / puteaban a los chetos mientras / se sentía el embrujo / de la música y el calor / viniendo desde adentro”.
Es más bien una cuestión de registro la que funciona en Fiebre. Un registro que no discrimina más que para entender, para discernir los mil y un elementos constitutivos de la indagación
juvenil. Este registro, en definitiva, nos acerca al savoir faire de muchísimos jóvenes que buscan en esa inquietud su rumbo, sin dejarse llevar por modas. Así es Fiebre, una voz clara y despojada
de ornatos, a veces melancólica, pero no privada de ilusión.


      Manuel Alemian