miércoles, 14 de enero de 2015

jamás me olvidaba los lentes negros

jamás me olvidaba
los lentes negros


ahora recuerdo
como fotografías fuera de foco
a aquellos viajes en colectivo
ya de mañana
cuando de una vez por todas
regresaba de las noches
siempre desplomado
en el último asiento
con mi cara entregada al aire
fresco que se metía por la ventanilla
compartiendo el mundo
con quienes iban
a trabajar

martes, 30 de diciembre de 2014

Prólogo de FIEBRE, por Manuel Alemian


La fiebre y la sed

Me pregunto si es denostar a un texto decir que es una sucesión de lugares comunes. Porque la precisa poesía de Fiebre es una seguidilla de lugares comunes: pero comunes a la juventud, a una juventud que explora en el deseo, en la experiencia, en la música, en las mujeres, en el alcohol. Una juventud que explora profundamente la noche. Lugares comunes a la noche, a la vuelta de la noche; y también lugares comunes a la comarca del Gran Buenos Aires, al Oeste.
Y también, o a la vez, me pregunto qué es un lugar común: ¿qué lugar, común a quién? ¿Quién sabe acaso lo que es volver a su casa de madrugada, en invierno, en colectivo, con resaca y sueño, en Haedo, Ramos Mejía, Hurlingam o Castelar? Regresar en el colectivo 166 o en un destartalado Renault 18 remís, o en auto propio, por los boliches de Gaona... El Oeste es el centro neurálgico de la poesía de Quesada. Y andar en un Fiat Uno blanco con una banda de amigos borrachos, “muy borrachos”, una soberana postal del libro. Javier Calamaro bien supo decir: “Llévame por la Panamericana / en busca de acción / en busca de carne caliente”.
Acción, sí, pero sin exabruptos, sin desopilantes historias de bardo ni pintorescos momentos de marginalidad. Es como si Mauro Quesada hiciera acupuntura con palabras clave, vocablos coloquiales y funcionalmente quirúrgicos, y su poesía tocara puntos nerviosos que nos activaran la percepción de universos de una ficción infinita, inabarcable.
Durante la lectura del poemario, formalmente objetivista, si se quiere ser formal, se suceden operaciones -de un traspaso generacional, social y sin ninguna duda vital-, que remiten indefectiblemente a la experiencia propia, a la misma juventud. Este libro le debe además al rock. Pero quizá no le deba necesariamente a las letras de ese género sino tangencial o transversalmente. Más bien pareciera deberle al imaginario que lo constituye: la necesidad de satisfacción, la sed de algo más.
La energía, la pulsión que mueve a sus amigos es casi siempre una muchacha, debidamente adjetivada. Ellos en cambio se presentan -Quesada los presenta-, en un estado neutro, velado por
cierta ambigüedad en cuanto a su entidad social. Esta deliberada indefinición los hace más versátiles en su observación, los propone como testigos vivenciales, liberados de la función de imponer
un orden ideal, un yo impregnante: no bajan línea. Ni siquiera el aparente cliché de escupir la vereda de la puerta de un boliche bailable, sordo y hueco, hace suponer que ellos son otra cosa, lo
sean o no: “y cuando juntos pasaban / por la puerta de la única / disco de hurlingham / escupían al suelo / puteaban a los chetos mientras / se sentía el embrujo / de la música y el calor / viniendo desde adentro”.
Es más bien una cuestión de registro la que funciona en Fiebre. Un registro que no discrimina más que para entender, para discernir los mil y un elementos constitutivos de la indagación
juvenil. Este registro, en definitiva, nos acerca al savoir faire de muchísimos jóvenes que buscan en esa inquietud su rumbo, sin dejarse llevar por modas. Así es Fiebre, una voz clara y despojada
de ornatos, a veces melancólica, pero no privada de ilusión.


      Manuel Alemian




viernes, 21 de noviembre de 2014

ramos mejía un domingo

ramos mejía un domingo
a las 10 de la mañana
gaona desierta
y las panaderías llenas
los únicos
sobrevivientes de la noche son
una pareja besándose en una esquina
un borracho durmiendo
en la puerta de un edificio
y las veredas repletas de bolsas
negras y millones
de botellas


las persianas bajas de los bares
y la claridad furiosa
avisan que al menos por  unos días
todo se terminó




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Próximamente: FIEBRE


Próximamente se publica mi segundo poemario: Fiebre, a través de 

Sello Editorial El Ojo del Mármol









viernes, 25 de julio de 2014

muere toda expectativa



muere toda expectativa
cotizan
en alza los deseos

ese instante en que
alguien
corta la música
y enciende las luces
definitivamente



martes, 6 de mayo de 2014

volver de bailar en remís

volver de bailar en remís
a los quince
desde haedo
después de
animarme a hablarle
a alguna chica que
seguro me rechazaría

me subía solo
a un renault 18
o un fiat duna
cuyo chofer iba escuchando
no sé tú
de luis miguel mientras
yo me hundía
en el asiento de atrás
viendo por la ventanilla
al bullicio alejarse
y a mi sábado extinguirse
lentamente

miércoles, 26 de marzo de 2014

voy a trabajar



voy a trabajar
son las nueve y el sol
se instaló
sobre mi cabeza y sé
que en este momento
alguien está de fiesta

sé que en otro mundo
yo estaría en una fiesta
donde la noche
no reconoce al día
donde las luces y la música siguen
bombardeando en un rito bestial
pero en cambio
ahora
debo quedarme
en esta mismísima mañana
con la boca
invadida del sabor
amargo de las huellas
que nunca existieron